NEPAL, el país de las maravillas
En su pequeño territorio (equivalente a un tercio de España) se concentran algunos de los paisajes más increíbles y variados: desde las altas cumbres del Himalaya, al norte, hasta el profundo valle del Terai, al sur.

En medio: los ríos más bravos, prolífica vida salvaje, parques naturales y sagrados templos hindúes y budistas.
Nepal no es sólo para alpinistas y aventureros, es perfecto para los amantes de la naturaleza. Con un mínimo de buena forma física puedes recorrer a pie el Himalaya, o visitar aldeas y pueblos de distintas etnias en bicicleta.
POKHARA
Moverte por tierra en Nepal no es fácil y requiere mucho tiempo. Por ser tan montañoso no tiene servicio de tren. Y los destartalados y casi siempre abarrotados autobuses Tata (marca que acapara estos vehículos en India y Nepal) tardan hasta ocho horas en recorrer 200 km.
Casi todos los turistas entran al país por la capital, Kathmandú, aunque también es muy común hacerlo desde la India, por el oeste, en tren o por carretera. Y la mayoría pasa su viaje entre el valle de Kathmandú, la zona del Everest y, a veces el macizo de los Annapurnas, todo en la parte centro y nororiental del país. La variedad de diversiones, paisajes y lugares es tanta que resulta un viaje increíble.
Pokhara y trekking al Himalaya
Para llegar a Pokhara, la otra capital turística de Nepal junto a Kathmandú, si vienes del oeste por la Mahendra Highway, tienes que desviarte en Butwal y tomar la Siddarta Highway. El cambio de paisaje, cada vez más montañoso y de profundos barrancos es espectacular, aunque durante el monzón esta carretera se corta con frecuencia por los corrimientos de tierra. A mitad de camino se encuentra Tansen, fue la capital del antiguo reino de Palpa por su estratégica situación entre las montañas y la llanura.
Verás sus casas blancas en lo alto de una ladera. Aunque hay que desviarse un poco de la carretera, es un buen alto en el camino, tanto por ver sus edificios antiguos como por las vistas de los Himalayas que hay desde aquí.
Llegar a Pokhara después de haber estado en cualquier otra parte de Nepal es casi como alcanzar el paraíso, un pequeño descanso, aunque sea una especie de isla para el turista occidental. A la orilla del lago Pewa, el mayor de los tres que tiene, se extiende una sucesión de hoteles, pizzerías, agencias de viajes, artículos de montaña, bares con bailes folclóricos, zumos tropicales (1,5 €) y pastelerías de estilo alemán. Es un lugar perfecto para dar paseos en barca por el lago, darte un masaje o hacer un curso de yoga.
Pokhara se ha convertido en una especie de campamento base para los que van a emprender un trekking por el macizo de los Annapurnas o para descansar después de hacerlo. Una buena forma de pasar el día aquí, es alquilar una bici (0,6 € al día) en cualquiera de las tiendas de montaña junto al lago. Siguiendo su orilla hacia el sur, acércate hasta Devi Fall, la cascada que viene del Pewa y desaparece en una gruta subterránea. A sus puertas, siempre están los puestos de artesanía tibetana (el campo de refugiados está cerca). Después, prueba los auténticos momos en Ajima Newari Khasa Ghan (Streejana Chowk), un pequeño restaurante local (0,25 € el plato, con sopa). O cruza el bullicio de la parte urbana para llegar a alguno de los templos del norte, como el Binde Basini, dedicado a la diosa hindú Kali, donde cada mañana hacen sacrificios. Junto a él, entra en el monasterio budista, donde puedes ver a los novicios preparando ceremonias o estudiado.
fuente: deviajes.es
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