Abu Simbel: los templos más emblemáticos de Egipto
Egipto, que se encuentra al norte de África, es uno de los países más antiguos de la humanidad. En sus valles se hallan los restos arquitectónicos de las dinastías que forjaron su historia (nació en el año 3000 a.C.).

Fue considerado por el historiador griego Heródoto un “don del Nilo”, ya que las aguas de este río constituían el origen de su vida y su riqueza. Además, es poseedor de una de las maravillas del mundo, por lo que representa una inevitable seducción para el viajero curioso.
Por ejemplo, una de las atracciones máximas que tiene son las pirámides de Gizeh, que son visitadas por millones de personas cada año, las cuales constituyen el conjunto más antiguo de las siete maravillas y el único que ha sobrevivido hasta estos días. Se encuentran cerca de El Cairo, capital de Egipto, y fueron levantadas con el objetivo de albergar la tumba de los faraones reinantes de la época, para así preservar los cuerpos de éstos, asegurando el paso hacia la eternidad.
Junto a las pirámides de Gizeh se encuentra la misteriosa figura de la Gran Esfinge -de cuerpo de león y cabeza humana-, la cual es una verdadera obra de arte de grandes dimensiones, mide 73 metros de largo y 20 metros de alto. Los arqueólogos la atribuyen al faraón Kefrén, pero no existe ningún documento que lo certifique.
Además, en Egipto uno de los legados más importantes son los templos de Abu Simbel, que significa “la montaña pura”. Se trata de un complejo de dos templos (uno mayor y otro menor) excavados en la roca, en la zona de Nubia, que fueron mandados a construir por el faraón Ramsés II. El templo mayor, uno de los mejor conservados de todo Egipto, se encuentra al sur del país (a 300 kilómetros de la ciudad de Asuán). La construcción del templo duró, aproximadamente, el largo reinado de Ramsés, entre 1292 y 1225 a.C.

Estos templos, que se encuentran en el Museo al Aire Libre de Nubia y Asuán y que en 1979 fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, están dedicados al culto de Ramsés y de otras deidades de Egipto -que tenían sus capitales-: Amón (era la cabeza de la Triada de Tebas), Ra (cabeza de la Eneada de Heliópolis) y Ptah (el gran dios artesano de Menfis).
Pero con el tiempo los templos quedaron abandonados y comenzaron a llenarse de arena, hasta que en 1813 fueron descubiertos por el suizo J. L. Burckhardt, quien le comentó de su encuentro al explorador italiano Giovanni Belzoni. Éste viajó al lugar pero no pudo ingresar a los templos, por lo que volvió en 1817, año en que sí pudo entrar, llevándose todos los objetos de valor que pudo transportar.
En 1964, debido a la construcción de la presa de Asuán y evitar que fueran anegados, se inició el salvamento de estos templos, y hasta 1968, éstos se desmantelaron para volver a ser reconstruidos en otra zona, unos doscientos metros más alejada.
El templo mayor
La construcción del templo mayor está realizada de tal forma que durante los días 20 de febrero y 20 de octubre (con el desplazamiento del templo el fenómeno sucede dos días más tarde de la fecha original), los rayos del sol penetran hasta el santuario -situado al fondo del templo- para iluminar las caras de Amón, Ra y Ramsés, quedando la cara del dios Ptah en penumbra, ya que éste era considerado el dios de la oscuridad. Según se cree, estas fechas corresponden, respectivamente, al cumpleaños del rey y al de su coronación; sin embargo, no existe documentación que corrobore estos datos.
El templo mayor (considerado como uno de los más bellos de Egipto) tiene adosadas cuatro estatuas sedentes del propio Ramsés -esculpidas directamente sobre la roca-, de unos 20 metros de altura, acompañadas de pequeñas estatuas de sus parientes (como su madre, su esposa y algunos de sus descendientes). Éste templo tiene una fachada de 33 metros de altura por 38 metros de anchura; y todas las estatuas representan a Ramsés II, sentado en un trono con la doble corona del Alto y Bajo Egipto.
En su interior el templo tiene una distribución similar a la mayoría de los templos del antiguo Egipto, con salas de menor de tamaño a medida que se acerca al santuario. La primera sala contiene ocho estatuas de Ramsés, que están adosadas a las columnas, y en las paredes hay grabados que representan escenas de las victorias egipcias en Libia, Siria y Nubia. El santuario contiene tres estatuas -de los dioses Ra, Ptah, Amón- y una de Ramsés.

El templo menor
Este templo estuvo dedicado a la diosa Hator -diosa del amor y la belleza- y a la esposa preferida de Ramsés, Nefertari. Se encuentra situado al norte del mayor, y su fachada tiene seis estatuas (de igual tamaño), cuatro de Ramsés II y dos de Nefertari. La entrada lleva a una sala con seis columnas centrales, esculpidas con capiteles decorados con la cabeza de la diosa Hator. La sala del este muestra escenas donde Ramsés y su esposa ofrecen sacrificios a los dioses; y tras esta sala se encuentra otra que muestra escenas similares. Al fondo del templo se halla el santuario que contiene una estatua de la diosa Hator.
El faraón Ramsés
Considerado, quizás, el faraón más importante de toda la historia de Egipto, reinó durante 67 años; y su gusto por la construcción lo convirtió en el “rey constructor”. Se casó varias veces y se dice que tuvo más de cien hijos. Hijo de Sethi I -maestro político y militar- y de la reina Tui -miembro de una ilustre familia de militares-, Ramsés II fue el tercer faraón de la dinastía XIX.
En el año 1301 a.C. falleció su padre y con 25 años Ramsés ascendió al trono como rey del Alto y Bajo Egipto y Sol de los Nueve Arcos. El objetivo principal que tuvo fue mantener la paz interior alcanzada por los reinos anteriores, por lo cual manifestó su deseo de ejercer todos los poderes, evitando en lo posible la influencia del clero; para ello eligió como sumo sacerdote a una persona de su absoluta confianza.
Desde ese momento inició su programa constructivo (símbolo de poder en la época), y además de su máxima creación (los templos de Abu Simbel) acrecentó Tebas, completó el templo funerario de Luxor, erigió el Ramesseum y, entre otras cosas, hizo importantes reformas en el templo de Amenofis III. A la edad de 92 años, hacia el 1234 a.C., Ramsés II murió; y dejó en el trono de Egipto a su hijo Merenptah, nombrado heredero tras el fallecimiento de algunos de sus hermanos mayores.
fuente: dondeviajar.es
Julio 3rd, 2008 at 9:36 pm
quiero saber un dibujo acerca de origen de la vida segun los egipcios no le escritura
Noviembre 27th, 2008 at 1:49 pm
woah!
Marzo 28th, 2009 at 8:06 pm
yo simepre he soñado con visitar un templo muy antiguo ES MI SUEÑO IMPOSIBLE