Bosque de Bialowieza, último refugio del bisonte europeo
Europa conserva uno de sus últimos refugios de bosques vírgenes en un aregión entre Polonia y Bielorrusia, destacándose por su gran biodiversidad de flora y fauna, en especial una especie de la que se conservan pocos ejemplares como es el bisonte europeo.

La caza y tala indiscriminadas han reducido enormemente su extensión y diversidad, pero afortunadamente, se conserva una parte razonable que permite que hoy pueda ser disfrutada por el turismo.
La historia de la depredación se remonta al siglo XIV, cuando el territorio pasa a dominio ruso, y se levantaron las restricciones de caza, aunque afortunadamente, hacia el siglo XVIII los zares decidieron que sólo la realeza cazaría bisontes, que eran apreciados incluso al punto de ser obsequiados como regalos a otros monarcas.
Sin embargo en la Primera Guerra Mundial una línea ferroviaria atravesó el bosque y los animales sirvieron para alimentar las tropas. En 1919 murió el último bisonte salvaje del bosque de Bialowieza.
Las tareas de conservación comenzaron poco después, ya que en 1921 la zona polaca fue declarada Reserva Natural, y comprando cuatro ejemplares a zoológicos el bisonte comenzó a reproducirse naturalmente.
Pero la Segunda Guerra Mundial volvió a significar un peligro para la especia, ya que los alemanes querían hacer del bosque un coto de caza para los altos mandos del Tercer Reich. Afortunadamente, Rusia recuperó la zona finalizado el conflicto y los bisontes volvieron a estar protegidos.
En 1977 la UNESCO incluyó al parque dentro de la Reserva Mundial de la Biosfera y en 1979 el bosque entró en la lista del Patrimonio de la Humanidad. En 1997 el parque recibió el Diploma de Europa. Actualmente hay unos 600 ejemplares de bisontes que viven en el bosque, aunque en áreas cercadas para su protección.
Hay que tener en cuenta que los lados bielorruso y polaco están divididos por un cerco, es decir que no pasan ni animales ni turistas. Por ello, para conocer este bosque hay que ingresar por uno u otro país.
Del lado bielorruso es más complicado, puesto que se necesita un permiso especial del Ministerio del Interior. En el lado polaco encontramos un hotel, restaurantes y aparcamientos en lo que solía ser el refugio de caza de los zares.
Aunque cada recorrida se realiza bajo supervisión de un guía, se puede recorrer este precioso bosque de cuentos a pie, a caballo o en bicicletas, disfrutando de la naturaleza a pleno y encontrando los pocos bisontes que aún persisten.
Via: turismito. com